Vuelvan con sus escudos o sobre ellos

Hay una frase que repetían las madres espartanas antes de que sus hijos marcharan a la guerra: “Vuelvan con sus escudos o sobre ellos.”


Una orden absoluta de honor. Para los griegos no había mayor deshonra que perder el escudo. La vida, de hecho, entraba en un segundo orden.
Pero les quiero hablar de un amigo, que no llegué a conocer porque vivió hace algunos miles de años. Un poeta y mercenario (decime si esta combinación no capta tu atención de entrada), Arquíloco de Paros. Leí sobre él una de las noches de Atenas que no podía dormir por el jet lag y quedé encantado con la historia de este tipo.

 

 


Arquíloco decidió reírse de esta solemnidad. Resulta que perdió su escudo en batalla, huyó para salvar su vida y escribió un poema burlándose de sí mismo.
Él era mercenario, peleaba en guerras ajenas para pagar su subsistencia. No solo entendió rápido que “no se iba a hacer matar por un escudo” sino que además redobló la apuesta y decidió reírse de eso. El primer antihéroe tal vez.


                  “Al diablo con el escudo.
                   Lo dejé junto a un arbusto.
                              Me salvé.
                   Que se quede el escudo;
                   ya encontraré otro igual.”


Su mensaje, increíblemente moderno, era simple: no vale la pena morir por un mandato ajeno.
Nosotros pensamos mucho en eso durante estos días en Atenas.


Entrenar para correr esta maratón icónica en barefoot, con más de 20 kilómetros de subida, fue de las cosas más difíciles que enfrentamos como equipo. Hubo días duros, lesiones, dudas, desmotivación y preguntas incómodas.

 

La tradición griega dice que hay que llegar “con el escudo”.
Arquíloco contesta: “Si tengo que perder el escudo para seguir vivo, lo pierdo.”

 

Y algo de eso nos acompañó cada vez que el entrenamiento nos dejaba al borde. Porque correr descalzo (o casi) una maratón así no es una demostración heroica: es una exploración personal. Una prueba de paciencia, técnica, humildad… y de escuchar al cuerpo antes que a las expectativas ajenas.


Por eso, más allá del resultado final, lo importante para nosotros no fue “ganarle” a la maratón, sino transitarla. Respetar el proceso, ajustarnos cuando el cuerpo lo pedía, frenar cuando era necesario, e incluso aceptar la posibilidad de que quizás alguno de nosotros no llegara al estadio Olímpico de Atenas.


¿Llegué? 🤫

Esa es otra historia. No quiero adelantar nada porque hicimos tanto esfuerzo en el viaje y todo que nos parece una pena spoilear antes de mostrar todo en youtube, pero si nos seguís y te gustó este newsletter sabés que eso es lo menos importante.


La estamos contando capítulo a capítulo en nuestro vlog de Atenas, donde mostramos todo el detrás de escena: entrenamientos, decisiones difíciles, los momentos de cumbre… y los momentos en los que pensamos, como Arquíloco, que tal vez había que dejar el escudo a un costado para seguir adelante.


Me gusta pensar que Zapiens ayuda a recordarnos algo simple:

 no corremos para cumplir mandatos; corremos para encontrarnos.


Te dejo el link de youtube por si te copaste y nos querés seguir en lo que fue esta aventura. Si así fuera, suscribirte, comentar o poner me gusta, es de muchísima ayuda.


https://youtu.be/F_jusPljw8s

 

Un abrazo

 

Tati