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Tengo algo para recomendarte. Un texto corto que bien podrías leer en la playa. O, si estás trabajando en estos días de enero como yo, bien vale la pausa a la rutina.
Es un cuento clásico que se llama “Un día perfecto para el pez banana” de JD Salinger y se publicó hace casi 80 años. En su momento fue una sensación y para mí en lo personal lo sigue siendo. Si lo leíste seguime, que tengo algo para decir. Pero si no lo habías escuchado voy a tratar de que lo puedas disfrutar después, sin arruinar la sensación de descubrir algo genial.
En el cuento se mencionan unos peces que nadan hasta una cueva llena de bananas y comen tantas que después no pueden salir por donde entraron.
Se quedan atrapados por su propio peso. No te pasó de haberte sentido así?
El protagonista del cuento vuelve de la guerra y encuentra una sociedad hiper consumista donde siente que su sensibilidad y sus traumas no tienen lugar.
Los problemas de hace ochenta años son los problemas de ahora porque el hombre se reinventa pero no se resuelve. |
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Hoy pareciera que nuestros hábitos de consumo se parecen bastante al comportamiento de esos peces (lo escribo mientras miro unos botines de fútbol para pasto que compré hace poco y no sé cuando voy a volver a jugar en pasto la verdad). Hay un bombardeo constante y masivo de ofertas, fast fashion, todo para comprar rápido, barato y luego descartar. Shein, Temu o lo que hayan traído en el último contenedor. De repente nos sentimos pesados sin saber por qué.
Nosotros no somos una ONG (ni queremos serlo, Dios me libre) pero tratamos de buscar un lugar que nos represente en el mercado de consumo.
Habrás visto que estamos lanzando unas sandalias. Empezamos el proyecto en Julio y la idea era aprovechar el consumo de las fiestas pero algo no nos cerraba. No nos terminaba de gustar el modelo y su funcionalidad.
La opción obvia era lanzarlas igual, fabricarlas rápido como estaban, lanzar descuentos agresivos en nuestras posibilidades y el verano que viene “veremos”. Bueno, nos costó mucho (en la literalidad monetaria del término) pero decidimos que no. Ir más despacio hasta llegar al modelo perfecto y no salir hasta que estemos 100% conformes.
Por eso hacemos una preventa en enero (a quién se le ocurre) y las podremos entregar recién la segunda quincena de febrero. Pero son hechas a conciencia, para durar, con materiales nobles y en fábricas con personas de verdad y en condiciones dignas.
Quisimos hacer un producto para escapar de la “cueva de bananas” a contramano de todo lo que hoy parece ser la regla.
En fin, un producto para caminar livianos.
PD: Ayer empezaba a pensar este texto y en que se deberían llamar “Zapiens Banana” pero ya es tarde lamentablemente. Quizás si hay presión en redes podamos cambiar el nombre para el próximo verano. |

